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miércoles, 26 de abril de 2017

1x11: Conversaciones inacabadas


Llaman a la puerta. Rosa acude de mala gana mientras se ata la cinta de la bata apresuradamente. Llaman con insistencia. Rosa teme que haya pasado algo y traga saliva, tratando de encontrar el temple de líder allí donde lo dejara, antes de descorrer el cerrojo y abrir la puerta. El corazón pega un brinco con cada nueva sucesión de porrazos.

—Ya va, ya va —trata de apaciguar al impaciente que hay al otro lado de la puerta. Observa por la mirilla que es Clara. No parece muy contenta.

—¡Ese puto italiano se cree que los demás están para jugar a sus juegos! —restalla Clara entrando en la casa de Rosa sin casi mirarla. Ya en el salón, se da la vuelta y sigue—: Si vuelve vivo, juro que lo mato.

—Hola a ti también —dice Rosa, recomponiéndose como puede. Echa una mirada furtiva a la puerta entreabierta de su habitación antes de cerrar la del piso y echar el cerrojo de nuevo. Cuando vuelve a mirar, la puerta de la habitación está cerrada. Suspira imperceptiblemente.

Hace un poco de frío, ya que la estufa de queroseno está apagada. Clara no lo nota porque va con el plumas puesto y tampoco repara en que las mejillas de Rosa están sonrosadas a pesar de todo. Está claro que le domina un  frenesí irracional que le recuerda al Emilio de hace décadas.

—Cálmate y dime qué pasa.


miércoles, 9 de abril de 2014

1x06: ¿Hay alguien ahí?


(1.540 palabras)

Óscar baja el cómic que está leyendo por enésima vez cuando oye que llaman a la puerta de su casa. Afina el oído y yo a su madre abrir y los murmullos en el rellano. Es una voz de hombre, con acento. Ya no reciben vivistas. Es extraño.

Desde que se ha ido la luz, la habitación de Óscar se ha convertido en un museo de formas de entretenimiento de principios del siglo XXI: varias consolas, un ordenador sobremesa, varios portátiles, un par de tablets, una pantalla de veinte pulgadas y un televisor plano de treinta y dos. Eso sin contar periféricos, mandos, guitarras de juguete, videojuegos y todo tipo de cachivaches informáticos, como discos duros, memorias USB, auriculares… Desde el establecimiento de la comunidad, Óscar se encierra en su cuarto. Si cuando el mundo era normal, el adolescente de veintiocho años, barba rala, sobrepeso, gafas de pasta y calvicie declarada temía a sus congéneres humanos más que a una plaga, ahora mucho más.