martes, 25 de abril de 2017

Cuaderno #9: El imperativo y la necesidad de resurgir



Al final la pausa vacacional se ha prolongado tres años. Premio y azucarillo para este servidor.

En estos años mi vida ha dado un vuelco radical. Al hecho de mi innata inconstancia, se ha sumado la llegada de mi hijo a este apasionando y difícil mundo (un chaval lleno de inquietud y vida que me da a mí que se va a parecer a Rubio, no solo por el color del pelo), la desintegración de mis aspiraciones editoriales roleras ortodoxas y el haberme visto algo abandonado por personas claves en el proyecto alternativo que pretendía montarme a través de canales de financiación que, además, muestran alarmantes señales de agotamiento.

Y estoy cansado, para qué negarlo. Un cóctel de sombras que me lastran las ganas de ponerme a escribir delante del ordenador, a pesar de la incansable presencia y ánimo de los amigos que aún creen en esto (más que yo seguramente).

Y, sin embargo, el cuerpo me pide seguir escribiendo, terminar algo de lo que haya empezado, asignatura pendiente desde mi más tierna infancia de la que solo yo tengo la culpa de acarrear hasta mi edad adulta. Y esto me lleva de vuelta a la casilla del principio: escribir relatos, un formato en el que solo dependes de ti mismo y la desaparición de terceros no interfiere en la intimidad creadora. Tengo algunos garabatos e ideas para novelas. Me apetece mucho escribir mi tercera novela (las dos primeras no cuentan, no quieras saber). Me siento con las ideas, el potencial y la experiencia de las canas que ya me invaden la barba. Solo me falta constancia y recuperar músculo.

Y toda vez que no se puede correr una maratón como esta sin tono muscular, qué mejor que volver a ponerme en forma recuperando esta serie de relatos que tan buen sabor de boca me dejó hace años. Quiero terminar la primera temporada. Las ideas están ahí y los pocos lectores que se animaron a seguir esta historia siguen dispuestos a leer a pesar de mi falta de respeto hacia ellos.

Muchas gracias, gente. Espero enmendar estos años de ausencia.

Así que nada, espero también que sigamos dándonos cita en este espacio para ver qué pasa con nuestros héroes del barrio y los pellejos.

Nos leemos.

viernes, 7 de noviembre de 2014

1x10: Nicolás


Rubio sueña con un chupachups mientras Óscar dormita delante de la radio emisora, recorriendo perezosamente por las frecuencias. Hace un rato ya que no escucha con demasiada atención. En el fondo sabe que la probabilidad de dar con una señal es nimia y se pregunta por qué perder el tiempo y arriesgarse a pillar un resfriado con la escasez de antibióticos que hay.

Rubio, sin embargo, es ajeno a todo eso. Aunque en su interior hay un superviviente nato, aún ve la vida como un juego, o quizá es su forma de defenderse de la gélida realidad que a todos envuelve. Carlo nunca le ha recriminado eso porque cree que, en el fondo, es lo que le ha mantenido vivo. Y porque nunca ha querido ser su padre. Aburrido, el muchacho se dirige hacia el borde de la azotea y se encarama al parapeto para recorrerlo de parte a parte haciendo el equilibrio. Cuando Óscar se da cuenta, abre los ojos desmesuradamente y su cuerpo hace el ademán de levantarse.

martes, 29 de julio de 2014

Cuaderno #8: Midseason de la Temporada 1


Tenía previsto hacer una parada técnica con motivo de las vacaciones veraniegas, que iniciaré el próximo 9 de agosto. Será casi un mes sin wifi, sin ordenador y con el contacto justo con la civilización a través del móvil. Coincide con una pequeña crisis creativa a cuenta de varios factores. Por un lado el calor, que me aplatana cosa mala y me hace rehuir el teclado, pero por otro una serie de situaciones, algunas personales, que mantienen mi cabeza fuera de onda. Sin entrar en lo personal, que no es nada dramático, sí que diré que últimamente estoy inenttando dar forma a eso que solemos llamar "proyecto" en el mundillo del rol (nada que ver con Cliffhanger, de lo que también hablaré tranquilamente en El Opinómetro cuando sea el momento. Es algo que aún está por materializarse y no tiene visos más que de aunar ilusiones y fuerza creativa, lejos de todo culto a la personalidad y afán de protagonismo, punto. Pero ya hablaremos de eso.

En todo caso, confío en que la pausa vacacional me devuelva en septiembre con la recámara llena de ideas y maldades para los personajes de VIVOS, que creo que están sufriendo demasiado poco. También espero, a la vuelta de la pausa, colgar por aquí un reglamento muy sencillo para "rolear" al estilo VIVOS, cuyo origen y contenido real ya comentaré en su momento. No perdáis de vista mi Twitter, que por ahí iré comentando algunas cosas.

Sin más, agradecer a todos los que os habéis prestado a donar un poco de vuestro tiempo a esta andadura incierta. La verdad es que es gracias a vosotros que uno se sigue animando a escribir. Sí, soy bastante inconstante y me hacen falta algún que otro aliciente.

¡Nos leemos a la vuelta!

lunes, 21 de julio de 2014

1x09: Carne quemada

Solo se oye el resonar de sus respiraciones azuzadas por la adrenalina que invade sus venas. Apoyan la espalda contra la fría pared del corredor de ladrillo gris y se dejan caer hasta notar el aséptico suelo de linóleo en las posaderas. Por un momento no son conscientes de los golpes procedentes del otro lado de la gruesa puerta metálica, de que su anónima salvadora está echando todos los cerrojos, interponiendo una barra de metal y apuntalando lo único que les separa de una muerte segura con unos listones. Tampoco se han dado cuenta del tipo que les apunta con un revólver desde el otro extremo del pasillo mientras los embates contra la puerta suenan cada vez más a carne picada.

Emilio es el primero en percatarse y hace auténticos esfuerzos para dominar su agitada respiración. El que les apunta es un hombre recio, de unos cuarenta y pico, moreno, con la coronilla despejada. Luce el desgastado uniforme de una empresa de seguridad privada. Emilio se dispone a levantarse con las manos en posición conciliadora cuando el vigilante estira el brazo del revólver.

―Estás mejor sentado, prenda.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Dossier #6: 'Apocalipsis Z', de Manel Loureiro



Esta reseña apareció por primera vez el 20 de septiembre de 2010 en El Opinómetro.


"De repente, un estruendoso sonido metálico me dejó totalmente paralizado. Había sonado como si alguien hubiese tropezado con un archivador, un carrito o algo por el estilo, seguido de un prolongado gemido. El sonido parecía provenir de bastante lejos (juraría que un par de plantas más arriba) pero bastó para ponerme los pelos de punta.

(...)

El ruido del disparo parecía haber desencadenado una oleada de sonidos en todo el hospital. Puertas que se golpean, entrechocar de objetos, algo que se caía sonoramente contra el suelo (¿una camilla, quizás?) e incluso golpes sordos y apagados en los tabiques, conformando toda una sinfonía pavorosa. Y gemidos, sobre todo. Los putos gemidos. Cómo olvidarlos".

'Apocalipsis Z' es el vivo ejemplo de que el talento puede encontrarse con la suerte y dar lugar a un proyecto serio a partir de una idea muy básica. Manel Loureiro comenzó a escribir un relato de zombis en un blog con unas metas muy elementales. La historia, como es de suponer, pronto tomó las riendas y empezó a crecer por sí sola, convirtiendo un blog novelado en primera persona en una novela como dios manda, hasta el punto de atraer la atención de Dolmen Books, la editorial española hiperespecializada en zombis.

Reconozco que en esta fiebre literaria zombi que venimos padeciendo en los últimos tiempos, tiendo a huir de este género como de la peste. Se me activa un mecanismo de defensa en alguna parte del cerebro que me ahuyenta de los ríos revueltos, de la moda inseminada del monstruito de turno, sea zombi, vampiro, abogado, médico o cualquier animal de la variada fauna literaria. Es más, en múltiples ocasiones había pasado ante este libro, de viva cubierta roja, pensando irremisiblemente "otro libro de zombis, qué coñazo". Y, la verdad, es que no sé si es uno más, porque tampoco es que haya leído tantos, pero el caso es que a instancias de un amigo que no sólo se había leído éste, sino también la secuela, editada por Plaza y Janés, me armé de valor y lo compré. Hoy puedo decir que no me arrepiento.